jueves, 1 de octubre de 2020

LA ENFERMEDAD DE AYUSO.

 Por Antonio Maestre.

01/10/2020


"Sus comparecencias hacen comprender que algo no va bien dentro de la presidenta. Ojos perdidos, palabras inconexas, gestos desencajados"...

 

Es difícil no sentir empatía con quienes sienten rechazo hacia todo lo que políticamente representa Madrid. La capital es una sublimación de la ambición, el desprecio y la soberbia que alcanzan un nivel superior cuando es Isabel Díaz Ayuso la que representa a los madrileños. Una inepta cegada por el fanatismo que se siente concernida por un mandato divino en su lucha contra el socialcomunismo y en pos de la libertad. Pero dirigida, por Pablo Casado y Miguel Ángel Rodríguez. Porque Ayuso es demasiado pusilánime y limitada para que la estrategia de incendiar España usando la vida de los madrileños haya salido de su escaso conocimiento.

Pablo Casado sabe que está políticamente muerto y ha decidido jugar con la vida de los españoles utilizando a una persona con las capacidades limitadas como Ayuso, algo muy visible cada vez que habla, para intentar sobrevivir un tiempo más. Los madrileños moriremos antes con la estrategia de tierra quemada pero el incendio se extenderá al resto de España. Casado usa a una persona con graves problemas cognitivos para mantener su poder de forma negligente. Una persona con graves limitaciones que ha enfermado es la encargada de comandar su política de acoso y derribo al gobierno de la nación.

El síndrome de Hibris suele afectar a los que el poder ha cegado y la locura y desmesura guían su proceder, se sienten llamados por un mandato superior que los mortales no son capaces de comprender y por eso su actuación es incomprendida por los infraseres. Una enfermedad que les lleva a actuar no por el bien común sino con el único objetivo de glorificarse y mejorar su posición personal. La denominada enfermedad del poder ha afectado de manera inquietante a Isabel Díaz Ayuso en tan solo un año. Sus comparecencias hacen comprender que algo no va bien dentro de la presidenta. Ojos perdidos, palabras inconexas, gestos desencajados. Da miedo.

El síndrome de Hibris tiene varias características que ayudan a diagnosticar a quien tiene esta patología. Una preocupación desmedida por la propia imagen y la estética. La confusión entre el yo y la nación, porque Ayuso es Madrid, que es España en España. Una excesiva confianza en sí misma, algo verdaderamente llamativo cuando encima es notoria su incapacidad hasta para hilar una frase. Un desprecio hacia los demás, que Ayuso muestra cada vez que se dirige a todo aquel que no le sigue en su integrismo ideológico. Pérdida de contacto con la realidad, esta característica no hace falta concretarla cuando en Madrid están muriendo a cientos y Ayuso sigue jugando al relato para ver cuánto tiempo aguanta el pulso a Pedro Sánchez. Una obsesiva recurrencia a la imprudencia y las acciones impulsivas. Desobedecer una orden ministerial que busca reducir el riesgo de contagio de un virus que ha acabado con la vida de miles de españoles es la obra culmen de una persona enferma. Porque Ayuso lo está.

ISABEL DÍAZ AYUSO SE DECLARA EN REBELDÍA

 Por Olga Rodríguez.  

30 de septiembre de 2020


El PP de Madrid desliza un mensaje que contrapone la economía a la salud, como si fueran dos asuntos desvinculados y enfrentados. La realidad es otra: No habrá mejora sólida en la economía madrileña si no se cuida la sanidad públic.


 A la vista de sus movimientos, el Gobierno de Ayuso parece empeñado en evitar el confinamiento de los barrios y municipios ricos de Madrid, aún a riesgo de seguir contribuyendo al aumento de contagios en toda la región. Solo así se explica el juego que ha seguido estos días, a modo de dónde está la bolita, con una clara prioridad: tener conflicto y ganarlo, evitando impulsar un confinamiento que le suponga impopularidad en determinados sectores, contribuyendo posiblemente a que el apoyo social a las medidas de prevención disminuya y mostrando que no quiere acatar decisiones del Gobierno central, aunque eso suponga evadir la responsabilidad de adoptar un pacto y las medidas necesarias para doblegar la curva de contagios.  

 

Tras diversos intentos de diálogo y negociación, el Gobierno de Sánchez ha recurrido al Consejo Interterritorial de Salud, donde las comunidades autónomas han aprobado el plan del ministerio de Sanidad que supone, entre otras cosas, el confinamiento de aquellas áreas con más de quinientos contagios por cada cien mil habitantes, lo que en la práctica implica confinar diez ciudades, todas ellas pertenecientes a la Comunidad de Madrid. El plan ha tenido los votos en contra de Galicia, Madrid, Andalucía y Catalunya, la abstención de Murcia y los votos a favor del resto, incluida Castilla y León, con gobierno de coalición PP–Ciudadanos. El Gobierno madrileño ha reaccionado afirmando que semejante decisión carece de validez jurídica y ha amenazado con incumplir la orden.

Expertos de todo signo están de acuerdo en que es preciso actuar ya para evitar que las infecciones aumenten aún más, pero los dirigentes de Madrid, la región con más casos por habitante de toda Europa, pretenden otros planes. Primero pidieron ayuda al Gobierno central, con el que compartieron rueda de prensa, después tensaron la cuerda, más tarde dijeron aceptar un preacuerdo y veinticuatro horas después, este miércoles, anunciaban que no estaban de acuerdo con el principio de acuerdo que habían aceptado. Aun así en Twitter el vicepresidente y portavoz Ignacio Aguado, de Ciudadanos, seguía manteniendo como tuit fijado –es decir, priorizado para que sea el primero que se vea– su mensaje del día anterior: 

"Satisfecho por haber alcanzado un principio de acuerdo con el Gobierno de España para abordar de forma conjunta la batalla contra el virus. Espero que se ratifique en el Consejo Interterritorial. El diálogo da resultado. La unidad salva vidas y empleos". 

Pero no hubo ni unidad ni abordaje conjunto. Su Gobierno, el de Madrid, no solo no ratificaba el acuerdo en el Consejo Interterritorial de Salud, sino que votaba en contra.

Nada de esto se entiende sin ser conscientes plenamente de la naturaleza del PP madrileño, de Ayuso y de su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez –conocido también como MAR– curtido en batallas como mano derecha de José María Aznar cuando éste era presidente del Gobierno español. Hoy en día Aznar es presidente de la Fundación FAES, que precisamente este miércoles señalaba "el valor simbólico" que tiene que "un catalán socialista" como el ministro Illa "amenace con cerrar Madrid".

Decía Oscar Wilde que no conviene discutir con un idiota porque éste te hará descender a su nivel, y en el fango los idiotas siempre tienen más experiencia. En un contexto de pandemia el Gobierno de Madrid ha planteado conflicto con el objetivo de que haya revolcón en el barro, para que desde fuera no se distinga si en medio de la confusión hay quien intenta el diálogo.

El empeño del PP madrileño por saquear lo público viene de lejos, con años de recortes, y está por encima de las exigencias científicas actuales para paliar los efectos de la COVID-19. Con sus políticas ha segregado los barrios con menos renta per cápita, dejando fuera del confinamiento las áreas más adineradas. A pesar de las evidencias, no ha contratado los rastreadores necesarios. Faltan docentes y personal sanitario. Tampoco ha fortalecido la red de metro.

Sus prioridades son otras. Siguiendo su línea de favorecer al sector privado y la especulación urbanística, este jueves pretende aprobar una reforma de la ley del suelo, sin debate ni posibilidad de enmiendas, que suprimirá buena parte de las licencias, algo que han criticado diversos ayuntamientos, asociaciones vecinales, sindicatos, colectivos ecologistas y agrupaciones de la oposición política regional.

El PP de Madrid desliza entre líneas un mensaje falaz que contrapone la economía a la salud, como si fueran dos asuntos desvinculados y enfrentados. En el mundo de la diplomacia internacional es bien sabido que hay actores que solo están dispuestos a negociar con voluntad cuando el precio de no tener paz les resulta más alto que el de tenerla. He aquí la cuestión de los días de atrás: Cómo hacer entender al Gobierno de Ayuso que no habrá a medio plazo una mejora sólida de la economía madrileña si no se cuida la salud de todos. 

Ahora queda por comprobar si al Ejecutivo de Madrid, como amagó anoche, le parece más conveniente el precio de incumplir una orden ministerial que el coste de acatarla. El hecho de que su consejero de Sanidad haya acusado al Gobierno central de tener prisa por "intervenir Madrid, no por combatir el virus", empleando ese término -intervención- indica que existe en sus filas la tentación de plantear el conflicto como un problema territorial.

Los barrios del sur, mientras tanto, siguen reivindicándose. Por segundo jueves consecutivo, las áreas de Madrid afectadas por la segregación saldrán a la calle para decir "no al confinamiento de clase" y para pedir los recursos sanitarios que las autoridades madrileñas les están negando.