Continuando con los artículos sobre “Desinformación de la Información” reproduzco una parte de la entrevista realizada al periodista Pascual Serrano, periodista especializado en política internacional y análisis de medios de comunicación y autor de diversos libros tales como Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (Península, Barcelona, 2010), El periodismo es noticia. Tendencias sobre la comunicación en el siglo XXI (Icaria, Barcelona, 2010) y su último libro “Traficantes de Información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles” (Akal, 2010)
La entrevista completa se puede obtener en el enlace:
Tras felicitarte muy sinceramente por tu nuevo libro, déjame preguntarte por su título: “Traficantes de información”. ¿“Traficantes”? ¿No exageras? No parece una inocente metáfora.
El término “Traficantes” no estaba previsto cuando planteamos el proyecto del libro. Sin embargo, una vez terminado, era evidente que la trayectoria de los grupos de comunicación no era meramente económica o empresarial, había demasiados elementos que mostraban su falta de escrúpulos y, en algunos casos, un carácter casi delincuencial. La palabra “Traficantes”, con esa evocación criminal que sugiere, me parece que les define perfectamente.
Hablas en el subtítulo de “historia oculta de los grupos de comunicación españoles”. ¿Por qué usas la expresión “historia oculta”?
Porque descubrí que quienes tienen como objetivo profesional sacar a luz informaciones y noticias, las que más ocultan son las relacionadas con sus empresas. Es impresionante lo difícil que resulta conocer quiénes son los dueños de los medios, más todavía descubrir las miserias y canalladas que jalonan su historial.
Después de leer los doce capítulos de tu ensayo, uno se pregunta, creo que razonablemente, lo siguiente: la ciudadanía española, a través de las televisiones, los diarios, las revistas, ¿puede acceder realmente a una información donde la veracidad no sea una palabra de un trasmundo alejado?
Mi idea es que esa pregunta la tuviese respondida el lector con solo conocer la historia de los medios y sus modus operandi. Evidentemente, unos grupos económicos que tienen a directivos con sentencias firmes por haber “contribuido conscientemente a la consolidación y el reforzamiento de la asociación mafiosa" italiana, que venden armas a dictaduras, que evaden cifras millonarias a Hacienda, que hicieron fortunas en la Alemania nazi, que apoyaron y aplaudieron la dictadura franquista, que especulan con sus inmuebles, que acumulan condenas por atropellos laborales y que recurren a paraísos fiscales para registrar a sus empresas, no pueden estar muy interesados en la veracidad de la información de sus medios.
La otra cara de esta moneda: los periodistas españolas, en general, no sólo las “grandes estrellas”, ¿pueden ejercer realmente la libertad de expresión?
Los periodistas son meros empleados precarios que pueden ser despedidos libremente y que deben obedecer criterios de selección de las noticias establecidos por directivos nombrados por los propietarios. Son como el albañil que no puede decidir el diseño de la casa ni su ubicación, sólo poner ladrillos para terminarla de la forma que le han indicado los arquitectos y el presupuesto económico. Lo denuncian claramente en el libro el Sindicato de Periodistas: “Nuestra precariedad es tu desinformación”.
Uno de los casos más sorprendentes (y dolorosos) de los que presentas en tu libro es el caso de Prisa y El País, un diario “independiente” que ha llegado a aplaudir -o a justificar cuanto menos- golpes de Estado. Nicholas Berggruen, junto a su socio Martin E. Franklin, pretende reflotar y controlar el grupo a través de la sociedad de inversiones Liberty Acquisition Holdings. Esta sociedad está domiciliada en el paraíso fiscal estadounidense de Delaware. José Manuel Naredo escribía no hace mucho: “sería un triste destino para ese diario vocacional y militante de la libertad que en su día fue El País acabar siendo devorado por el capital financiero en estado puro”. ¿Exagera en tu opinión? ¿Es un juicio acertado? ¿El País en manos de la derecha neoliberal del capitalismo financiero especulativo internacional?
Coincido en considerar que El País acaba siendo devorado por el capital financiero en estado puro, pero hace mucho que no veo a ese diario como vocacional y militante de la libertad, como afirma Naredo. Sinceramente, ni la familia Polanco ni Juan Luis Cebrián me parecen mejor que los tiburones de Wall Street que han comprado la mayoría de Prisa. Simplemente se ha formalizado en el accionariado algo que hacía décadas que estable reflejado en los contenidos del periódico.
Cada capítulo de tu libro, después de informar y analizar el grupo de comunicación, presenta una sucinta pero sabrosa biografía de sus “personalidades” más destacadas. En general, el horror adquiere tintes dantescos al leer esos textos. ¿A qué ese debido que ese conjunto de personas, algunas de ellas alejadas años-luz de todo lo que tenga que ver con la información, la coherencia y la veracidad, ocupen un papel tan destacado en los medios?
Era una de las conclusiones que pretendo que saque el lector: que los que mandan no tienen ninguna relación ni con el periodismo ni con la información. Porque los grupos de comunicación son simples emporios económicos que buscan rentabilidad, o lo que es peor, influencia política e ideológica al servicio de un modelo económico rabiosamente neoliberal. Eso no sería tan grave si no fuese porque todos son idénticos en esos principios y no hay lugar para una propuesta alternativa.
Una última cuestión. El libro, cuentas en la página 37, te fue encargado por el responsable de la editorial Península (aunque el libro ha sido editado finalmente por Akal, la misma editorial que publicó el libro de Bustamante al que hacíamos referencia). A pesar de que, una vez finalizado el ensayo, el resultado satisfizo al director editorial y que incluso tu libro llegó a anunciarse entre las novedades de Península, "los altos directivos de la editorial y accionistas vetaron la publicación". ¿Por qué? ¿Tanto miedo les da lo que aquí cuentas con detallada documentación? ¿Dónde queda entonces la libertad de expresión?
Efectivamente sucedió así. Yo creo que más que miedo es soberbia desde el poder, quieren dejar claro que ellos son los que mandan, quienes tienen la llave de lo que se publica y lo que no. Quieren intimidarnos para que no nos atrevamos a hablar. ¿Dónde queda la libertad de expresión? En el capitalismo, como tantas otras libertades y derechos, queda donde esté el dinero. Ya lo dijo Santiago Alba, no es la libertad de expresión lo que disfrutan los medios de comunicación, es el derecho a la censura, a decidir lo que no se publica.